Ano II - Nº 9, Setembro/Outubro de 2007
Alameda Digital
Ideologias

CRÓNICAS DE UM LUSITANO INTERIOR NA ÁLBION
Ideología, revolución y post-revolución: el ejemplo británico

por Rafael Castela Santos

(O texto de Rafael Castela Santos é nesta edição inicialmente publicado na língua orginal. A habitual tradução estará disponível tão cedo quanto possível. Ao Autor e aos seus leitores apresentamos, pelo atraso, as nossas desculpas.)

Introducción

Por ideología entiéndase un sistema de ideas apriorístico, basado en el deseo, voluntad o la razón descastada de la realidad. Ese sistema puede carecer de cohesividad y lógica interna y estar fundamentado en leit-motivs que no resisten el contacto con la realidad.

La teleología de la ideología es la voluntad de poder, generalmente de un poder omnímodo.

Pedigrí ideológico y desprecio de la realidad:

Para el propósito de este artículo baste decir que la ideología, como tal se entiende modernamente, arranca de la división de res cogitans y res extensa preconizada por Descartes. La ideología no es más que un sistema de ideas apriorístico que intenta explicar la realidad. Es la primacía del subjetivismo y de la res cogitans.

Es, en definitiva, el desprecio a la filosofía aristotélico-tomista y al realismo moderado que ésta lleva aparejado. Frente al que acepta la realidad objetiva y externa y adecua la mente a tal realidad, el verdadero ideólogo trata de encajar –más bien de forzar- la realidad en el molde de vía estrecha apriorística que las miasmas deletéreas de la sinrazón de la razón, si no las pasiones más bajas, han generado y al que conocemos con el nombre de ideología.

El problema de la ideología es, en buena parte, el problema de la revolución. Toda ideología propende a la revolución y toda revolución se asienta en una ideología. Bodino aniquila el organicismo social y lo reemplaza por un orden mecánico y neutralizado. Una especie de simetría social que cuadra mal con la variedad y complejidad de la realidad social.

Grocio lamina el tomismo en lo jurídico y es en este terreno erosionado donde un Hobbes implanta la ideología férrea y tiránica del volitivismo: La voluntad dictando a la razón en vez de lo contrario. Lo opuesto del realismo moderado tomista.

Sin estos antecedentes no se entiende la ideología.

La ideología es arracional, pasional y gnóstica

Simplificando quizás en exceso sirvan como ejemplos de ideologías primadas por la “razón” la Revolución Francesa o la izquierda en general y el comunismo en particular alentadas por un afán primordial de envidia igualitaria, como ya estudiara el politólogo y filósofo español Gonzalo Fernández de la Mora.

A más abundar, uno debería decir que existe un influjo de corte religioso en toda ideología. Es Eric Voegelin quien demostró el impulso esencialmente gnóstico que caracteriza a la revolución, encarnación primordial de la ideología. Basábase Voegelin en el estudio de la revolución arquetípica, que era la revolución protestante inglesa encabezada por Cronwell, y en cuyo ideario estaban implícitas todos los saltos cuánticos de la Revolución, que en rigor es un continuum: Renacimiento, Reforma, Revolución Francesa y comunismo.

Queda por demostrar si la quinta y última fase de la Revolución, aquella que habrá de instaurar un orden esencialmente luciférico, estaba también implícita en la tiranía presbiteriana, pero es más que posible.

Sea como fuere la ideología es el combustible que azuza la Revolución.

Hay una ideología más peligrosa que el comunismo mismo

De ahí al adagio hegeliano “todo lo real es racional y todo lo racional es real” no hace falta mucho recorrido. Si la izquierda hegeliana, con Feuerbach y Marx a la cabeza, quintaesencian la ideología par excellence de la historia, el comunismo (“penúltima” ideología según la agudísima apreciación del Padre Leonardo Castellani), es Antonio Gramsci quien la sublima. En esa pinza entre el nihilismo y el gramscianismo es donde se ha de producir la última ideología, la del Anticristo; una ideología firmemente asentada en el ultracapitalismo en lo económico, el liberalismo en lo político, el sentimentalismo en lo filosófico y el modernismo en lo religioso.

Volviendo a Hegel habrá que recordar lo obvio: que lo real está ahí y no es manipulable a priori.

El trípode ideológico revolucionario-francés procede de la subversión de lo cristiano

La Revolución, verdadera hija predilecta de Satanás, no puede hacer más que invertir los conceptos generados por Cristo y su Iglesia y posteriormente enmarcados en el molde de la filosofía helénica por San Pablo, tarea continuada por los Santos Padres. Es de rigor el insistir el tomar la Revolución como un todo, pero para ilustrar esto sirva centrarse sobre la Revolución Francesa.

El lema revolucionario-francés “libertad, igualdad, fraternidad” procede del vaciamiento y, luego, eventual perversión de conceptos cristianos.

Del libre albedrío a la libertad hay un camino. Este trecho se recorre pasando de un libre albedrío orientado hacia el bien hasta una libertad donde el mal y el bien son puestos al mismo nivel, garantizado idéntico status filosófico, el bien rebajado a categoría de opinión y donde la libertad acaba por ser, meramente, una libertad para pecar.

De la igualdad ontológica ante Dios, con idénticas responsabilidades para todos prescritas por el Decálogo, con idéntica llamada a la visión beatífica, en una Iglesia Triunfante donde –al igual que en la Iglesia Purgante y en la Militante y hasta en el orden angélico mismo- existen jerarquías, se pasa a una igualdad entrópica y homogénea que niega el principio básico de la ley natural (reflejo de la ley divina) de la estratificación de los grupos sociales manteniendo la igualdad ante la ley. Resumiendo: de la igualdad en el orden se pasa a una igualdad en el desorden. Es lógico que esta última pues devenga en desigualdad.

De la caridad hacia el prójimo, que busca primordialmente el bien e incluso el bien máximo (la salvación del alma), ergo inspirada esta caridad horizontal por esa otra caridad vertical –el amor a Dios- mucho más importante y esencial, se pasa a un horizontalismo inmanente que descarta toda trascendencia. Una fraternidad que apenas alcanza a una filantropía que, encima, a menudo niega la ineluctable tendencia del ser humano hacia el mal.

La moderna sociedad británica: un ejemplo requintado de sociedad ideologizadamente post-revolucionaria

En tiempos de Burke éste se felicitaba de que los vapores tóxicos de la Revolución Francesa, posteriormente exportados por el imperialismo napoleónico, no hubieran afectado a las islas británicas. Cabría explicar que la intrahistoria explica que la Revolución Francesa fue gestada en Londres, como atestiguan los pasados y los escritos de ilustrados y revolucionarios ilustres, y que Inglaterra ya había sufrido su particular revolución, a manos de los roundheads, verdaderos antecesores de los sans-coulottes.

Cierto, sin embargo, que a pesar de la hipócrita pseudomoral victoriana quedó en Inglaterra un aire prerrevolucionario e incluso preindustrial que hacían de esta isla algo peculiar en la historia moderna europea. Empero la tenaza configurada por el laborismo británico (dignos descendientes de los precomunistas diggers y levellers de la Revolución de Cronwell) y su hegemonía cultural desde la postguerra luego amplificada por el Mayo del 68, y la managerial culture implantada manu militari por Margaret Thatcher han configurado a día de hoy una Gran Bretaña que cae dentro de los parámetros de la Revolución Francesa. El ciclo, pues, se ha completado. De la combinación de ese pensamiento siniestro, o sea, izquierdista, y el liberalismo que rinde culto al materialismo más ramplón se derivan las siguientes consecuencias:

Falsa libertad. Una sociedad sin frenos morales y éticos donde la impureza y las aberraciones sexuales son toleradas, consentidas y alentadas hasta extremos a veces inenarrables, como por ejemplo el porcentaje de clases de educación sexual en la escuela pública impartidos por organizaciones homosexuales o por ejemplo las tasas de abuso sexual a menores tan enormes. Una sociedad pionera en el aborto y donde esto ya ni siquiera se cuestiona. De otro lado se trata de una sociedad enormemente hedonista y en virtud de este hedonismo todo vale. La única ley verdadera es la que impide la restricción moral y ética, y ojo de quien se atreva a cuestionar la ideología obligatoria del relativismo y el desprecio a Dios.

Falsa igualdad. Aparte de ser el supermercado y las soap-operas los verdaderos niveladores sociales británicos, la ideología multiculturalista dominante están configurando una sociedad desvertebrada e igualada en el caos con desprecio absoluto de la realidad. Independientemente de los hechos, que cantan a las claras que hay minorías que no son asimilables, como la musulmana y –en general- las minorías no europeizadas previamente, el poder ubicuo insiste en descastar cualquier afirmación de identidad y de historia británicas, llegando a destruir la identidad de los propios británicos en nombre del multiculturalismo con desprecio absoluto de la realidad. La incongruencia se agrava al considerar que la sociedad británica pierde en justicia social e igualdad. Aquí el clásico abismo entre la clase poderosa y que verdaderamente controla el país y el pueblo llano no hace sino agrandarse.

Falsa fraternidad. En Gran Bretaña proliferan como hongos las organizaciones no gubernamentales y “caridades” de distinto cuño. Salvo unas pocas y honrosas excepciones la mayor parte de ellas, incluso las dependientes de ciertas iglesias cristianas, carecen de cualquier afirmación trascendente del ser humano preconizando así una filantropía que tiene más que ver con la ideología masónica que con la caridad cristiana. En paralelo a este componente de la falsa fraternidad se han perdido todos los lazos normales de caridad, que en situaciones normales comienza y se asienta en la familia nuclear y en la familia extendida, y los descastados sociales no tienen más red de protección que la proporcionada de manera fría y poco fraternal (puede que sí efectiva) por los servicios sociales. La ideología de la (falsa) fraternidad tiene su contrapunto en una sociedad donde el capital de soledad es creciente.

Preguntas a modo de conclusiones

¿Son el resto de sociedades europeas, de facto, muy distintas de la sociedad británica?

¿La carga ideológica sufrida por la sociedad británica es disimilar a la sufrida por el resto de las sociedades europeas?

¿Acaso habremos llegado todos a un estadio post-revolucionario caracterizado por un núcleo de ideologías difusas que preceden y anticipan la última revolución arriba señalada?

¿Es la falta de principios y de un referente ético/moral externo común no ideológico u ideologizado y aceptado por todos compatible con la vida en común?

¿Es posible una organicidad de la sociedad basada en una ideología mezcla de empiricismo, utilitarismo y nihilismo?

As ideologias: ocaso ou eclipse?
Os Direitos Humanos: a Ideologia do Presente
Notas sobre a “Ideologia”
Direita e Esquerda
O bombista suicida, o conflito indirecto e o relojoeiro cego
Um desafio para o nosso tempo
Si non è vero…
Hipnoses
Ideología, revolución y post-revolución: el ejemplo británico
A trági-comédia nacionalista

A natalidade em Portugal
Encruzilhada de Caminhos
Anti-Política
O Aborto
Duas Notas Soltas: Do concurso “Os Grandes Portugueses“ e da justificação do Dr. Almeida Santos ao “Deserto“ do Ministro Mário Lino

A saga da Constituição Europeia (JCN)
Hong Kong: Dez anos à procura de uma nova identidade

Um César das Letras e da Portugalidade
Clínica das letras
Pelo Autor é que Vamos
Carlos Eduardo de Soveral, Presente!
Desculpe... cheguei atrasado!
Mais Um Adeus
Soberano Soveral

Iberismo – uma aproximação
Revisitar Mouzinho de Albuquerque
Macau, a potente plataforma lusófona na Ásia: “Das lusas vantagens no Extremo-Oriente”
O Heroísmo dos Grandes Portugueses no Oriente

Editorial
Ecos da blogosfera
Capa

Nacional Internacional Cultura História Ideologias Ficha Técnica Publicidade Contactos Apoie-nos